POZOS DE AMBICION (2007)

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 There will be blood. 2007. USA. Director y guionista: Paul Thomas Anderson, basado en la novela Oil!, de Upton Sinclair. Intérpretes: Daniel Day-Lewis, Paul Dano, Sydney McCallister, David Willis, Dillon Freasier, Russell Harvard, Paul F. Thompkins, Hans Howes, Kevin J. O’Connor. 158 min. 

La historia de esta épica cinta nos sitúa a principios del siglo XX, donde un ambicioso magnate tejano comenzará un yacimiento petrolífero en una zona aún por explotar habitada por una religiosa comunidad, lo que le enfrentará al joven predicador local. El director nos mostrará el ascenso y posterior declive de este magnate y la relación que mantiene con su hijo, sus colaboradores, los lugareños y sus competidores.

Concluimos con esta densa y cruda obra los comentarios acerca de las 5 películas nominadas este año a mejor película en la gala de los Oscars. Y a mi juicio estamos ante la mejor y más arriesgada de las cinco: muy superior a la aburrida Michael Clayton (Tony Gilroy, 2007) y a la sobrevalorada Juno (Jason Reitman, 2007); con mucha más garra que la correcta Expiación, más allá de la pasión (Joe Wright, 2007); y con mayor espectacularidad y riesgo que la destacada No es país para viejos (Joel y Ethan Cohen, 2007). 

El arranque de la película es simplemente espectacular, con 20 minutos sin diálogos en los que vamos conociendo la personalidad de nuestro curioso protagonista y cómo se va labrando un próspero porvenir a base de trabajo pero también de una ambición sin precedentes. Este arranque unido a los minutos que prosiguen poseen el aroma de un clásico del cine, con grandiosas escenas, una fotografía y música sobrecogedoras y una intensidad emotiva. La marcada personalidad del director no se deja ver demasiado en esta primera parte de la cinta, donde imperan el clasicismo y la corrección formal sin caer en la grandilocuencia ni en los tópicos. 

Pero ya se sabe que el oro negro siempre trae consigo la desgracia ante la imparable ambición de quienes lo explotan. Y es con el progresivo descenso a los infiernos del protagonista cuando la película va cambiando y la huella de Anderson comienza a hacerse evidente. La seriedad estilística va mutando en tragicomedia, dejando de lado las escenas corales para dar paso al plano corto, con interminables enfrentamientos verbales (y físicos), llegando a momentos de violencia extrema, todo ello bajo un prisma granguiñolesco. La película se vuelve oprimente y exagerada paralelamente a la actitud del protagonista, lo que puede llegar a chirriar en los espectadores más académicos, especialmente un final exageradísmo resuelto de forma un tanto precipitada. 

Daniel Day-Lewis es el motor y eje sobre el que gira la película, haciéndose difícil imaginar a otro actor capaz de llevar a cabo con tanta brillantez este complicadísimo papel. Pese a ello, resultan algo excesivos los momentos más histriónicos, especialmente en la recta final del film, que si bien nos muestran con claridad la obsesión del personaje le restan un tanto de credibilidad. El reparto de secundarios cumple en sus menores papeles, quizá poco explotados ante la omnipresencia del protagonista, destacando al joven Paul Dano como predicador local y contrapartida de Daniel Day-Lewis. 

Una película compleja que va mutando en su progresión y que no dejará indiferente a nadie. Queda bien claro que su brillante director va a tener mucho que decir en el futuro. 

Lo mejor: Su aroma a clásico enfermizo.

Lo peor: Algunos momentos de histrionismo excesivo. 

Valoración (de 0 a 5): 3,5

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