¡SOY UN PELELE! (2008)

¡Soy un pelele! España. 2008. Director: Hernán Migoya. Guionistas: Hernán Migoya y Joan Ripollés. Productor: Pedro Doménech. Fotografía: Bernat Bosch. Música: Refree. Intérpretes: Roberto Sanmartín, Rosa Boladeras, Liberto Rabal, Carles Flaviá, Héctor Claramunt, Paco Calatrava, Jordi Ordóñez. 90 min.

Siempre he respetado al señor Migoya. Su trabajo como redactor jefe de la desparecida mítica revista de comics El Víbora consiguió revitalizar una publicación que caminaba hacia su funeral y su labor en Ediciones La Cúpula hizo que pudiéramos disfrutar en nuestro país de dibujantes tan interesantes como Daniel Clowes o Peter Bagge. Su labor como guionista y escritor me parece más discreta, pero en ningún caso hacía presagiar que pudiera llegar a perpetrar un engendro como el que nos ocupa.

El argumento es lo de menos, una mera excusa para plantear una serie de situaciones supuestamente graciosas que no podían estar rodadas con peor estilo. Roberto Sanmartín interpreta un despótico director de cine que ha perdido la memoria volviéndose amable y educado. Dicha situación será aprovechada por su ayudante guionista (Rosa Boladeras) para seducirlo y sacar provecho profesional de la misma.

Este argumento, carente de toda originalidad, es llevado a la pantalla con una falta de talento alarmante. El humor es forzado y carente de toda gracia. Las escenas están alargadas de manera que pierden todo el interés y gracia que pudieran tener (la escena de la meada interminable es totalmente inenarrable). Los actores parecen salidos de vídeos caseros del Youtube. La dirección y el montaje parecen realizados por alguien que no ha visto una película en su vida.

En definitiva, una serie de despropósitos que dejan la saga de Torrente, a la cual parece querer imitar, a la altura de obra maestra. Lo triste es que la película no consigue hacer reír, no es capaz de provocar, carece de acidez… en definitiva no nos ofrece nada de lo que su presuntuoso director nos ha querido vender. No sé si Migoya tendrá alguna justificación para este desastre, pero más vale que se dedique a otros menesteres antes de volver a protagonizar otro ataque terrorista contra los aficionados al cine. Y a todo esto, ¿a qué santo se proyecta en Sitges este engendro?

Lo mejor: Los carteles de cine del piso del protagonista.

Lo peor: Todo lo demás.

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